Esta es una creación completamente mia y de mi amiga Gabriela ;) B)

"Y el guerrero sobre su corcel salió rumbo a la batalla para enfrentarse al ejército de los siete mil, y a pesar de la ferocidad de sus blancos oponentes, el guerrero desconocido por todos, logró salir victorioso, conquistando el fuerte para resguardarse y preparar la siguiente batalla, donde llevaría acabo su reproducción y con ella el exterminio de toda la vida que se arraigaba allí".

*

- Sí, esas me gustan, me las llevo – dijo Simón con euforia.

-Aquí tiene, le deseo muchas felicidades en su matrimonio, ojalá a la señorita le guste el anillo – Le dijo el vendedor mientras le entregaba la caja que contenía el símbolo de la unión eterna, y recibía su paga.

- Gracias – Le contestó cortésmente Simón entre risas.

Hacía mucho tiempo que Simón llevaba esperando este momento, había planificado todo con especial cuidado para que todo saliera como ellos lo habían soñado, ni el más mínimo detalle se les escaparía, el color de las tarjetas de invitación, el tamaño y grosor de las argollas, el sabor de la torta, el diseño de los trajes, la luna de miel, incluso hasta el tipo de arroz que les lanzarían en el instante en que saldrían para comenzar una nueva vida llena de expectativas donde el amor sería el protagonista.

Ya era la hora ansiada, cada minuto pasaba como si fuera una eternidad, los invitados se veían impacientes e incrédulos ante el atraso de su pareja, no podían creer que después de tanta felicidad que abundaba en los corazones de los enamorados, uno fuera a dejar al otro. El Sacerdote miraba con exasperación su reloj, ya que éste parecía ir cada vez más rápido, pues tenía otra boda que realizar y que según su parecer era bastante más admisible que ésta, que parecía que se dirigía directo al abismo.

Su corazón dio un vuelco al sentir una vibración en su bolsillo izquierdo, era el teléfono, del cual no esperaba buenas noticias. Cuando apretó la tecla END de su celular, su rostro ya no era como el anterior, que irradiaba una mezcla de alegría y ansiedad; ahora parecía pálido y reflejaba una mirada de profunda tristeza, el mundo se le estaba desmoronando y con él todos sus sueños. No podía creer tan inicua decisión del destino. Sólo alcanzó a articular cuatro palabras: “debo ir al hospital”, antes de que alguno de los invitados pudiera acecharlo con cualquiera impertinente pregunta.

Corrió sin detenerse rumbo al auto que aún estaba adornado con las flores y el típico y vulgar letrero de “recién casados”. Despojó al chofer de las llaves, empujándolo hacia fuera y se subió desesperadamente.

*

-¡¿ Dónde está?!, ¡¿dónde se encuentra?!, ¡¡quiero saberlo!!- dijo desesperadamente Simón.

-Cálmese señor, conserve la compostura, estamos en un hospital, no puede entrar gritando así como así- le contestó algo alterada la cruel e incomprensible enfermera, según Simón.

-¡Por favor, sólo dígame dónde está!

Cuando repentinamente apareció un médico que le dijo:

-Usted debe ser el novio, por favor venga conmigo.

Recorrieron, para Simón, durante muchos interminables segundos, los largos y fríos pasillos alumbrados con una tenue luz, que parecía opacar aún más las deprimidas caras de las personas, que parecían estar más en un cementerio que en un sanatorio, donde la vida de las personas parecían hallarse en un juicio que podía dictarles la cruel sentencia de perdición eterna.

-Siento tener que comunicarle esta noticia, pero se encuentra en grave peligro- le explicó el doctor, en un dejo de cierta compasión.

-¡No puede ser!, ¿cómo nos ocurrió todo esto?, como es posible que el día que se iba a convertir en el más maravilloso de mi vida, ahora sea parte de una pesadilla de la cual no puedo despertar- dijo Simón con un tono de tanto nerviosismo que parecía que en cualquier momento se le soltarían las lágrimas al igual que un niño desvalido. – ¿Dígame que le pasó?

-Le dispararon con un arma de alto calibre, ha perdido mucha sangre pues la bala lo atravesó impactando en la arteria aorta. En este mismo instante estamos esperando los resultados del laboratorio para determinar el grupo sanguíneo y empezar inmediatamente con la transfusión. Si desea se practica los exámenes de compatibilidad para ser donante y poder salvar a su pareja.

Simón asintió pues no podía articular palabra alguna, ya que se encontraba en estado de shock. Acompañó a la enfermera a la sala de exámenes, mientras esta lo sometía a la cruel tortura de la tira de elástico amarrada al brazo, con la vil excusa de buscar una vena, mientras el brazo pareciera que va a explotar en cualquier momento.

-No va ser muy difícil encontrarle la vena gracias a su tez blanca- le dijo la enfermera mirándolo con una tierna sonrisa.

Al notar la ternura con la que lo trataba la enfermera, nuestro protagonista regresó al momento en que todo el amor comenzó. Fue un día no muy propicio en su vida, había acaecido la ruptura con su pareja, tras encontrarla en la cama con una mujer. Esto lo derrumbó; él, que creía que su pareja era tan “normal” como él; y ahora venía con esto, nunca se imaginó una escena como ésta. Se sumió en una melancolía tan enorme que ni siquiera se dio cuenta que alguien le estaba hablando.

- ¿Quieres o no? – le dijo una voz que lo trajo de nuevo a la realidad.

-¿Aahh?, ¿qué cosa? ¿Me hablas a mi? ¿Que si quiero qué?

-¿Acaso hay alguien más que se está mojando tanto como tú? ¿Que si quieres que te preste mi paraguas?

-Ehhh. Bueno.

Y así puso suavemente el brazo sobre su hombro, después las manos bajaron y se unieron para nunca más separarse y sin darse cuenta estaban los dos en medio de la sala de Simón.

*

"Y el guerrero sobre su corcel salió rumbo a la batalla para enfrentarse al ejército de los siete mil, y a pesar de la ferocidad de sus blancos oponentes, el guerrero desconocido por todos, logró salir victorioso, conquistando el fuerte para resguardarse y preparar la siguiente batalla, donde llevaría acabo su reproducción y con ella el exterminio de toda la vida que se arraigaba allí".

*

-Los resultados de la pruebas de compatibilidad están listos – dijo el doctor

-Y cuándo comenzamos la transfusión – expresó apresuradamente Simón, adelantándose al futuro y haciéndole caso a lo que dictaba su corazón.

-Me temo que nunca.

- ¿Cómo es eso? ¿Acaso no somos compatibles? – preguntó con desesperación.

-Usted es portador del VIH

"Y el virus terminó la batalla contra los blancos, los glóbulos blancos, y a pesar de su ferocidad, el virus logró salir victorioso, infectando a todas las células, consiguiendo su sitial para su reproducción descontrolada, la que consiguió el exterminio de toda la vida que había existido alguna vez allí".

-Simón, lo siento, Gustavo ha muerto- fue la dura sentencia del médico.

¿Fin?